28 de septiembre de 2016

Precisión y velocidad en las tecnologías estatales



Uno de los problemas de la Reforma del Estado es creer que todo se mejora simplificándolo. El problema con simplificar tecnologías estatales es que pueden llevar a la estandarización y automatización excesiva, perdiendo la capacidad de aprehender la complejidad de los contextos específicos donde van a ser aplicadas. La tragedia de la simplificación es la perdida de precisión con la cual debe ser aplicada la tecnología.

Quienes propugnan la simplificación por sobre todo, por lo general, toman un problema de precisión como si fuera un problema de velocidad. Para ellos, si los resultados de la aplicación de cierta tecnología no se realizan en el tiempo esperado se debe a que no fueron aplicados lo suficientemente rápido, lo cual a su vez se puede deber a la incapacidad de quien aplica la tecnología (algo que se arregla, obviamente, capacitando) o a trabas en el camino de quien la aplica (algo que se arregla, obviamente, destrabando). Esta forma de pensar deja de lado la posibilidad, o reduce el peso, de que la causa por la cual la aplicación de la tecnología no se realizó en el tiempo esperado se debe a que esta no contaba con la suficiente precisión como para ser aplicada en un contexto específico.

Tratar problemas de precisión como problemas de velocidad puede traer consigo consecuencias inesperadas. Se puede tener rapidez en la aplicación de la tecnología pero con tal grado de imprecisión que su ejecución resulta totalmente inútil por lo que debe ser corregida y tome más tiempo (algo que puede reforzar aún más la tendencia a seguir simplificando). Esto no quiere decir que el Estado debe tratar de lidiar con la complejidad de cada contexto particular. Esto es claramente imposible debido a que no es escalable. La simplificación de la complejidad es necesaria para representar y actuar sobre ella. No obstante, tal vez en lugar de hablar de la simplificar la complejidad, como la supresión de operaciones en procesos, deberíamos hablar de complicar la complejidad, es decir, en ordenarla en sucesiones de operaciones simples que tienden a la especificidad.