16 de marzo de 2016

Racionalidad y semiosis estatal

Como he sostenido anteriormente (ver aquí y aquí), creo que la manera más adecuada de abordar al Estado es entenderlo como una entidad no-humana. La no-humanidad del Estado se puede notar principalmente en su relación con la información: el Estado solo percibe y procesa información inscrita materialmente (documentos físicos o virtuales). Solo a partir de esta información el Estado puede tomar decisiones y realizar acciones. Es decir, el accionar del Estado está condicionado al desarrollo de sus aparatos perceptivos. Aparatos perceptivos diseñados desde una lógica de administración económica de la población captan algunos datos y dejan de lado otros. Asimismo, el proceso de información se realiza en una temporalidad no-humana, sino propia de su estatalidad.

Creo que todo este proceso descrito podría ser resumido con una palabra: semiosis. Es así como el Estado produce significado de lo que existe o acontece. Por ejemplo: ¿cómo es que el Estado sabe qué un individuo es pobre? El Estado "percibe" la pobreza de un individuo mediante el recojo de la información que le permite sus aparatos perceptivos (p.e. padrones, fichas, formularios). Estos aparatos recogen datos específicos (p.e. material del piso de la vivienda o nivel educativo de las jefes del hogar) a través de los cuales el Estado determinará la pobreza o no pobreza del individuo. Es decir, estos datos finalmente son los que para el Estado significa ser pobre.

Aquí es donde viene el problema: los individuos no tienen la misma racionalidad que el Estado, no conducen su vida diaria a partir de una lógica de administración económica de la población. Esta diferencia que puede parecer obvia es clave para entender las desavenencias entre los individuos que conforman la población administrada por el Estado y el propio Estado. Regresando al ejemplo planteado anteriormente, para un individuo el material del piso de su vivienda o nivel educativo de las jefes del hogar puede significar nada y, más bien, cuestiones como sus relaciones sociales o su apariencia pueden significar, para él o ella, ser pobre (p.e. "si todos mis conocidos son pobres y acceden a determinados programas sociales, ¿por qué yo no?" o "¿acaso no ve que soy pobre?").

El punto de esto no es afirmar la inconmensurabilidad de distintos tipos de racionalidad (humana y estatal). Finalmente, el Estado es un ensamblaje de distintos elementos, entre ellos, humanos. El punto es hacer notar cómo es que racionalidades complicadas y distintas son formadas a partir de la interacción de distintos actantes, tanto humanos como no-humanos, y así evitar caer en el error de abordar problemas del Estado como si fueran problemas de o entre individuos. El Estado debe ser abordado a partir de su estatalidad.

7 de marzo de 2016

Los medios median


Puede parecer totalmente inútil recordar que algo hace precisamente lo que su nombre indica pero a veces es necesario. En el contexto de las actuales elecciones algunos actúan como si los acontecimientos fueran percibidos directamente por los individuos, dejando de lado la labor de mediación entre el acontecimiento y los individuos. Obviamente si es que uno les hace notar esto la respuesta inmediata es “¡claro que estoy consciente de lo que hacen los medios!”. No obstante, actúan como si no supieran lo que declaran saber (probablemente la noción de ideología de Žižek sea útil para entender esto).

Una consecuencia de actuar como si la labor de mediación no existiera es atribuirle el mismo razonamiento detrás de la reacción que uno tuvo sobre un acontecimiento a otro individuo con una reacción similar. En este escenario, si tanto uno como otro individuo perciben el acontecimiento sin labor de mediación (directamente) y tenemos reacciones similares, es racional que tengamos el mismo razonamiento detrás. Esto puede ser representado en el siguiente esquema:

 

La simplicidad de este esquema cambia si es que añadimos la instancia de la mediación en donde se decide desde lo más básico del mensaje (¿Qué se dice del acontecimiento? ¿Cómo se dice?) hasta características metaenunciativas como la frecuencia y el alcance del mensaje. Es precisamente la labor que se realiza en esta instancia la cual produce distintas reacciones y, más importante, distintos razonamientos detrás de cada reacción.



Ahora, si tomamos en cuenta que existe más de un solo medio, que cada uno hace una labor de mediación distinta y que los razonamientos de los individuos detrás de sus reacciones varían de acuerdo a cada una de estas mediaciones, el esquema se vuelve más complejo.



Entre distintas reacciones similares probablemente haya individuos que tengan un razonamiento parecido, pero otros que no. Lo más probable es que el grado de similitud en el razonamiento detrás de la reacción dependa de una variedad de características demográficas.

Precisamente el problema de las encuestas (o mejor dicho, uno de los problemas) es que miden reacciones a acontecimientos a través de proposiciones, sin tomar en cuenta los distintos razonamientos que hay detrás de cada una de estas reacciones, agrupando reacciones similares de individuos de grupos demográficos distintos solo en base a su similitud. Por ejemplo, las preguntas como “¿Aprueba o desaprueba que este político haya cometido este acto?” agrupan las respuestas de los encuestados en dos opciones, sin importar si un individuo desaprueba el acto por A y otro individuo lo desaprueba por B, lo que importa es que ambos individuos tienen la misma reacción ante el acontecimiento sobre el cual pregunta la encuestadora.

Finalmente, la falta de atención del razonamiento detrás de las reacciones permite que los presentadores y comentaristas mediáticos le "otorguen" un razonamiento a las reacciones de la “opinión pública”, un razonamiento de acuerdo al tratamiento que mismo los medios le han dado al acontecimiento. Lo cual también es labor de mediación.