24 de febrero de 2015

Las encuestas de opinión pública no sirven (para lo que dicen que sirven)


A poco más de un año de las elecciones generales, es un buen momento para tocar el tema de las encuestas de opinión pública, no porque las que se realicen en estos momentos sean especialmente diferentes (de hecho, creo que las encuestas que se realizan en momentos no-electorales son las muestran más claramente la formación de sentidos comunes), sino porque estas se realizan más seguido y son materia de discusión con mayor frecuencia.

Se ha instalado el lugar común de que las encuestas son como "fotografías de la realidad" o "fotografías del momento". Esta idea no solo es repetida por los políticos que aparecen en estas, sino también por comentaristas mediáticos que son presentados como "analistas" políticos pero cuyo análisis de la encuesta no sale de pasar revista de las cifras de la encuesta y luego soltar frases hechas.

Creo que cualquier crítica a las encuestas debe empezar no tanto por su fiabilidad (la cual es la crítica más simplona, aunque a veces es necesaria), sino por su pertinencia como "visualización de la realidad": ¿las encuestas muestran lo que sucede en realidad? ¿La gente desarrolla sus actividades cotidianas desaprobando a tal o cual personaje público? Y si lo hiciera eventualmente, digamos en una conversación casual, ¿de dónde provienen los contenidos de esa conversación? ¿Acaso no provienen precisamente de los contenidos de estos mismos medios sobre dicho personaje público? (ver: Bourdieu, 2012) ¿Qué es una encuesta de opinión pública sino la autoevaluación de la efectividad del contenido del propio medio para su posterior refuerzo (en caso la evaluación sea favorable) o su reposicionamiento táctico (en caso la evaluación no sea favorable)?

Probablemente el caso más claro de esto en los últimos años haya sido la supuesta postulación de Nadine Heredia en el 2016: 1) los medios colocan un tema en la escena pública; 2) las encuestas contratadas por estos mismos medios preguntan al respecto; 3) los resultados siguen los patrones del tratamiento que le dan los medios; 4) los medios se basan en estos resultados para reforzar el tratamiento que ya le daban al tema antes de la encuesta. Ejemplos menos políticos de este proceso incluyen los casos de la supuesta culpabilidad de Rosario Ponce en la muerte de Ciro Castillo, y la recriminación pública a Tilsa Lozano por su relación con Juan Vargas.

Sin embargo, las encuestas si cumplen una función: la estabilización del debate público. Si, como sostiene Bourdieu, "la opinión pública no existe", es decir, no sería otra cosa que un discurso de las élites, quienes tienen la capacidad técnica y ejecutiva de construirla y ponerla en escena, entonces las encuestas, de acuerdo a lo anteriormente expuesto, juegan un papel crucial en la construcción de este discurso.

Las encuestas cierran el circuito de la producción mediática en un loop de retroalimentación negativa, el cual tiende hacia el equilibrio: cierra temas a los cuales se debe prestar atención ("la gente está hablando de X"), cierra las posiciones sobre los temas ("la gente opina A o B sobre X") y, finalmente, cierra intervalos cuantificables de las posiciones sobre el tema ("tanta gente opina A sobre X, mientras este otro tanto opina B"). En este sentido, las encuestas ordenan el debate público, presentando a la "opinión pública" como una serie patrones de respuestas clasificables por variables demográficas. Las encuestas de opinión estabilizan el sentir de la población en una supuesta visualización para que las élites simbólicas (periodistas, comentaristas, expertos) puedan hablar de este sentir como algo inteligible para ellos, lo cual, a su vez, sirve para intentar modular este mismo sentir.

Haciendo referencia a un post anterior, en esta operación podemos ver claramente el ejercicio del poder. Las encuestas de opinión tratan de reducir la entropía (Bryant) en el debate público, asi como controlar el acceso (Van Dijk) en dos niveles: en primer lugar, controlar el acceso de temas y opiniones al debate público; y, en segundo lugar, controlar el acceso de quienes pueden hablar respecto al sentir de la población (en un primer momento, los encuestadores con la capacidad técnica para leer los resultados, y en un segundo momento, las élites simbólicas para comentar los resultados).

¿Se puede hablar realmente del sentir de la población sin alienarlo? Ante esta pregunta creo que debemos regresar al primer punto: ¿Podemos generar visualizaciones de la realidad? La crítica de Rancière a las encuestas nos puede dar unas pistas: ¿cómo volver a darle presencia a la población? ¿Cuál es "la realidad" de la población? ¿Cuál es su cotidianeidad? ¿Qué hechos o condiciones realmente afectan su día a día? ¿Qué alternativas hay? La Big Data finalmente termina reproduciendo lo que hacen las encuestas de opinión de manera más sofisticada. La etnografía es una alternativa debido a que, en cierta manera, nos permite regresar a los acontecimientos a través de una narrativa, sin embargo, su especificidad no permite establecer generalizaciones. ¿Será posible regresar a los acontecimientos a través de narrativas sin quedarse en casos específicos?