8 de diciembre de 2014

"¿Eres invisibilizado? Déjame decirte cuanto me afecta"

La semana pasada hubo una denuncia de racismo contra Saga Falabella por las imágenes que mostraba uno de sus catálogos. Mi objetivo en este breve post no es hablar sobre si el catálogo es racista o no, sobre lo cual creo que se ha discutido suficiente, sino hablar sobre la discusión misma. Si he entendido bien las denuncias, su punto central es que invisibiliza a la mayoría de peruanos debido a que las personas que aparecen en el catálogo no tienen las características físicas que poseen la mayoría de peruanos. Hasta ahí todo bien. No obstante rápidamente la discusión comenzó a degenerarse y pasó a convertirse en un debate sobre publicidad. ¿Cómo ocurrió esto? ¿El problema no era la gente que no es representanda en la publicidad, es decir, un problema en una relación empresa-cliente (con las implicaciones que esto tiene)? ¿Por qué no darle voz a esta gente para que digan cómo se sienten? Es más, ¿por qué de pronto la discusión dejó de centrarse sobre la representación y pasó a ser sobre las prácticas de quienes trabajan en publicidad?

Con esto no quiero decir que no deba denunciarse las malas prácticas de la publicidad (las cuales son abundantes, no solo es el racismo), sin embargo, si precisamente el punto es que la publicidad invisibiliza a un sector de la población, ¿por qué no se le da voz en el debate? ¿Por qué cooptar un discusión sobre racismo y distorsionarla totalmente? Finalmente las personas a las que el muy preocupado indignado quiere defender son nuevamente invisibilizadas, esta vez por sus propias manos.

Esto no es nuevo ni ocurre solamente aquí (ver aquí, aquí y aquí), al contrario, es algo recurrente entre "liberales sensibles", quienes por algún motivo sienten la necesidad de ser el centro de la atención cada vez que ocurre un hecho que genera indignación, en lugar de promover la participación de los afectados, algo que podrían hacer debido a su acceso al discurso público. Hacer esto es mucho menos que exigirles que traten de cambiar las condiciones estructurales que propician actos de discriminación, sin embargo parece que pedirles que dejen de lado sus posts/columnas/tuits y el ego boost de la aprobación de su círculo de contactos es aun demasiado para ellos. Existe un límite entre generar awareness y centrar la atención en el discurso (de uno mismo), y claramente ha sido sobrepasado.