29 de octubre de 2014

Pregunta abierta: ¿Expertos o técnicos?

En los últimos días me he estado preguntando sobre la relación entre estos dos roles en el ambiente mediático: ¿Qué es un experto? ¿Qué es un técnico? ¿Son términos intercambiables? ¿Son realmente lo mismo o existe alguna diferencia? Si es que existe una diferencia, ¿cuál es? ¿La diferencia se encuentra en las propias características del saber de los sujetos o es una etiqueta (auto)impuesta?

Este es mi primer intento por definir ambos términos:

1) Un experto es alguien que conoce a profundidad un área especializada. Este saber por lo general se basa en el conocimiento de antecedentes, contextos y casos a partir de las cuales puede dar consejos en la elaboración de políticas públicas. Es un saber basado en la autoridad del conocimiento. Puede laborar en la academia, think tanks, o incluso en el mismo Estado como parte de consejos de autoridades o entidades. Puede ser encontrado en los medios dando recomendaciones sobre políticas públicas.

2) Un técnico también es alguien que también conoce a profundidad un área especializada pero que además la pone en práctica. Este saber se basa en la misma construcción de las experiencias a partir de las cuales puede dar recomendaciones para políticas públicas pero también participar en su misma elaboración. Es un saber basado en la operativización del conocimiento. Puede laborar en la academia, think tanks, o en el mismo Estado, pero no solo como un consejero, sino también como un ejecutor. Puede ser encontrado en medios dando recomendaciones pero también relatando sus propias experiencias en la práctica.

Mi principal problema con estas definiciones es que ponen demasiado énfasis en el poder, en tener acceso a poder operativizar el conocimiento. Por ejemplo, justificarían la etiqueta de técnico sobre cualquier persona que ponga en práctica su conocimiento desde el Estado (u otra posición de poder), como abogados que aplican el Análisis Económico del Derecho (AED) en políticas públicas desde entes reguladores del Estado. ¿Ellos son realmente técnicos? Creo que no. El problema de ellos es la aplicación de una epistemontologia del mercado: es posible aplicar sus conocimientos sobre el mercado si determinada porción de la realidad puede ser entendida como mercado, es decir, producen lo que ellos mismos tratan de explicar. Creo que una posible salida a este problema es la apelación a los matters of fact: por ejemplo, la calle X colapsará si es que, en pos de “destrabar” las inversiones, una constructora es eximida de elaborar un estudio del impacto que tendrá una edificación en el tránsito. Y esto ocurrirá sin importar lo mucho que un abogado AED argumente a favor de destrabar las inversiones. Sin embargo, ¿esto no afecta la distinción entre expertos y técnicos? Un experto, a partir del conocimientos del contexto, antecedentes y casos, puede argumentar a favor de la realización de un estudio de impacto sin efectivamente implementar esta medida, sino más bien, apelando a la autoridad de su conocimiento.

Creo que el problema puede estar en que estoy tratando de establecer una diferencia sobre las cualidades ideales del conocimiento de estos roles (i.e. establecer qué es un Experto y qué es un Técnico, con mayúsculas) cuando el conocimiento (hasta el que parece ser más aséptico y científico) es un resultado de una composición entre diferentes actantes que pasan por distintos procesos de transformación (políticos, económicos, institucionales, etc.).

Finalmente, si esto es así y si establecer esta diferenciación resulta en extremo complicado, ¿conviene obviar esta distinción y concentrarnos únicamente (para el estudio de los medios) en la división entre quienes simplemente comentan los problemas y quienes efectivamente conocen los problemas? ¿O acaso podemos establecer a priori cuál es una buena composición y cuál es una mala composición del conocimiento en el cual se basan las soluciones a los problemas? ¿Es posible ser técnico sin tener acceso a la operativización del conocimiento, una especie de técnico a priori?

21 de octubre de 2014

San Isidro y el poder de la representación


En el último proceso electoral los comicios de San Isidro ocuparon la atención de los medios limeños. Si bien se puede justificar esta presencia por su posición geográfica (y su lógica importancia en el sistema vial de la ciudad), creo que el copamiento de los sucesos políticos en San Isidro en el debate público limeño tiene que ver con la posición de poder que tienen los habitantes de ese distrito.

Ahora bien, no quiero que mi crítica se entienda mal. En cierta medida la presencia mediática de la escena política de San Isidro ayuda a poner atención sobre el proyecto de ciudad que tiene la clase dominante, mostrando puntos criticables (por ejemplo, ver esta entrevista al ahora electo alcalde del distrito). No obstante, creo que la cobertura de las elecciones de este distrito ha excedido el debate crítico y atención correspondiente a un distrito céntrico de la ciudad. Más bien creo que la presencia que ha tenido en los medios es como si afectara la vida de todos los ciudadanos de Lima por igual.

Es precisamente en esta "sobrecobertura" en la cual se nota el poder que tiene la clase dominante en los medios. Acá me estoy refiriendo a dos conceptos de poder de distintos autores pero que creo que están relacionados:

1) En un sentido amplio, Levi Bryant define poder como la reducción de la entropia de las relaciones sociales. Ejercer poder, en esta definición, podría entenderse como la capacidad de "conducir" o "encauzar" las relaciones entre distintos actores, instituciones, recursos y objetos en general.

2) Similarmente, Teun Van Dijk define poder como el control del acceso. Ejercer poder es la capacidad de acceder, y permitir o denegar el acceso a diferentes posiciones en la sociedad. De esta manera, Van Dijk define el poder sobre el discurso como la capacidad de acceder y/o dar acceso al discurso público. En este sentido, el poder del discurso no solo significa, por ejemplo, tener presencia en las noticias, sino también, estar en el mismo proceso de producción de las noticias: desde el narrador del noticiero hasta el presidente de la corporación mediática, pasando por los ejecutivos y abogados del canal (algo que parecen olvidar quienes se dedican solamente a aspectos semiopoliticos).

Aplicando estos dos conceptos podemos ver como es que los medios conducen sus recursos para dar tiempo en radio y TV, y espacio en medios escritos de una manera que excede el peso real de San Isidro (población, ubicación geográfica). Ese exceso, que podríamos llamar exceso de representación simbólica, es finalmente puesto en escena por lo que Van Dijk llama élites simbólicas y Charaudeau llama logócratas: presentadores, comentaristas, expertos; aunque estos solo son la parte final de la máquina de producción de mediática descrita anteriormente.

La consecuencia más preocupante de esta sobrecobertura de estos distritos privilegiados es la invisibilizacion y enmarcamiento negativo de otras zonas de población con menos poder: quienes no pertencen al sector dominante por lo general obtienen menos acceso al discurso público y, cuando lo tienen, suelen ser presentados negativamente. Por ejemplo, mientras que durante la campaña los medios se dedicaron a cubrir las propuestas de los candidatos sanisidrinos, la principal noticia que reportaron sobre las elecciones en San Martin de Porres - un distrito con más de 400 mil electores hábiles y una ubicación geográfica importante (conecta Callao, Lima Centro y Lima Norte) - fue el reclamo de algunos militantes al día siguiente de los comicios.

Para finalizar creo que actualmente hace falta prestarle más atención a la representación mediática de los sectores con poder político y económico. Si bien últimamente hay un cierto ánimo crítico hacia los medios masivos, creo que equivocadamente se le presta mayor atención a lo más sencillo de criticar (i.e. contenidos de entretenimiento). Es fácil escribir un rant sobre lo malo que es un programa de concursos, pero no tanto hacer un estudio riguroso que exponga como los sectores poderosos (re)producen el discurso dominante.

13 de octubre de 2014

Opinólogos: un intento de clasificación

Debido a la actual proliferación de opinólogos creo que es necesario establecer una clasificación de las principales subespecies:

Politicólogo: Este es la versión 2.0 del tipico pariente politiquero que emite su opinión sobre lo que sea que esté aconteciendo en la política local. ¿Escándalo de corrupción? Check. ¿Cambio de ministros? Check. ¿Estrategias electorales? Check. ¿Cómo diablos hace para hablar de cosas tan diversas? Creo que podemos identificar dos tácticas en su comportamiento: 1) tan solo repite las opiniones de otros o 2) suelta el primer sentido común que se le viene a la cabeza. Lo más complejo que puede hacer es intercalar estas dos tácticas en una misma columna/post.

Moralólogo: El compás moral del país. Decide quienes actúan de acuerdo a la moral y quienes no. Leer y compartir su columna/post/tuit equivale a ir a misa. Una misa laica, claro está. ¿O acaso creen que este tipo es un ignorante que cree en deidades para débiles mentales? Ni que fuera un bruto que es fácilmente engañado por políticos corruptos. Más bien nosotros deberíamos estar agradecidos de que nos da la posibilidad de leer sus ilustradas ideas propias de un país nórdico donde la gente lee mucho, no como en este país donde la gente es idiota e inmoral. ¿Ya mencioné que la gente aquí es estúpida?

Economicólogo: ¿Algún indicador económico ha variado en los últimos días y no sabes qué significa exactamente? Este tipo tampoco, pero es muy bueno repitiendo lo que dice la prensa internacional de negocios o los think tanks neoliberales de US. En algunas oportunidades lo podemos encontrar opinando sobre como se deben solucionar problemas en ámbitos no económicos. ¿La solución? Pensarlos como problemas económicos. Es muy probable que un par de veces a la semana escriba sobre lo malo que es el Estado haciendo cualquier cosa.

Izquierdólogo: Este sujeto no pertenece a ningún movimiento de izquierda no obstante siente la compulsiva necesidad de opinar sobre todos hechos y chismes que ocurren en algún partido que se identifique como de izquierda. ¿Cómo justifica este comportamiento? Probablemente afirme que "se siente de izquierda" (o, en su versión light, "progre") lo cual, lógicamente, le da derecho a criticar todo lo que trata de hacer la izquierda mientras él escribe sus durísimos tuits desde su smartphone.

Internetólogo: ¿Pasó algo "en internet" y no sabes a quién invitar para que opine sobre el tema? No te preocupes, este tipo te tiene cubierto. No importa el suceso, si este "ocurrió en las redes sociales" o si "causó furor entre los cibernautas" esta persona es la indicada para hablar al respecto. Probablemente escriba una columna o post sobre lo ocurrido tratando de usar palabras difíciles para que no parezca que el tema es algo que podría explicar un niño de 12 años que pasa mucho tiempo en su computadora (probablemente porque este sujeto quiere ocultar que en realidad es un niño de 12 años en el cuerpo de un adulto). También puede hablar sobre distintos gadgets, siempre y cuando alguien se lo "ceda" para que pueda emitir un juicio objetivo propio de un experto en ehm... cosas tecnológicas. Ocasionalmente puede ser encontrado en su forma especializada de memeólogo.