24 de junio de 2014

Primeros apuntes para una ontología deshumanizada del Estado

"Times of heroes" - Kekai Kotaki

El Estado es una entidad consciente. Consciente en el sentido de que percibe, procesa y emite información. Tiene ojos y mira una manera determinada. Dicho de una forma menos figurativa: el Estado tiene organismos que recogen información de espacios físicos, otras entidades y seres vivos. Estos organismos estatales no pueden percibir cualquier tipo de estímulo, estos deben existir en un determinado estado material. Así como las ballenas perciben el ultrasonido o las lombrices perciben vibraciones en la tierra, el Estado solo percibe documentos (ya sean escritos o digitales): formularios, facturas, memos, mapas, etc. Es así que, cuando el Estado recoge información a través de sus canales, ejerce acciones de percepción como encuestas, censos, auditorías, catastros, etc.

El Estado también percibe a otro ritmo. Aquí el concepto de hertz (la frecuencia en la que un evento ocurre en un periodo de tiempo) puede ayudarnos: el Estado capta información a un ritmo distinto al que lo hace un humano o una mosca, como afirma Bryant:

"In Onto-Cartography, I found it useful to talk about these different transcendental aesthetics in terms of “hertz” (Hz’s). There I was trying to talk about time in its simplest, most rudimentary form, prior to getting into more complex structures of temporality possessed by critters such as dolphins, humans, and governments (historicity, futurity, memory, etc). Hertz measure the cycles per second of a periodic phenomena. Thus, for example, humans perceive at a rate of 60 Hz, while houseflies perceive at a rate of 200 Hz, and honeybees perceive at a rate of 300 Hz. These are different temporal structures for different monads. If it’s so hard to swat a pesky housefly, then this is because houseflies can perceive much smaller, faster, more subtle movements than us humans can. As a consequence of this structure of affect, they are able to respond more quickly, deftly escaping our gross and lumbering movements. Every monad has its hertz, or rate at which it encounters the world."

Los organismos que componen al Estado interactúan entre ellos pero cada uno tiene cierta autonomía respecto al otro a pesar de las relaciones que establecen entre ellos, conforman una ecología interna. Los funcionarios que componen estos organismos serian como células: tienen funciones asignadas pero son susceptibles a mutaciones y reaccionan a los elementos a los que se exponen, son operacionalmente cerrados pero estructuralmente abiertos. En este sentido, la corrupción operaría de una manera similar a un cáncer, y ya no solo sería una analogía para algo negativo. Entender esto nos permite despersonalizar a la institución: así como un humano no está consciente de lo que hacen sus células todo el tiempo, el ente no está consciente de lo que hacen los funcionarios todo el tiempo. A partir de los síntomas es que alguien solicita un diagnóstico así como, por ejemplo, una institución solicita una auditoría a partir de irregularidades producidas de actos ilícitos.

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Esta propuesta trata de ver al Estado como algo "vivo" que estudiar. Más que una aproximación similar a la de un físico, que desea encontrar leyes o estabilidades (algo como un economista evaluando indicadores), esta sería una aproximación similar a la de un ecólogo, alguien que trata con materia viva. Estudiaría los tejidos de relaciones entre organismos. Observaría como un organismo interactúa con otro. Por ejemplo, así como un ecólogo estudia la introducción de una nueva especie a un ecosistema, alguien que se aproxima al Estado de esta manera podría estudiar la introducción de una nueva institución al ecosistema de organismos estatales. Esta aproximación no solo seria a través de indicadores, sino también a través del estudio de las fricciones, acuerdos y negociaciones, que establece esta nueva institución con las ya existentes.

Otro aplicación de esta aproximación podría ser estudiar las relaciones que existen entre organismos para dar cuenta del contexto en el que un empleado público debe cumplir sus funciones y las estrategias a las que recurre para esto. Algo más cercano a una etología que una etnografía. Esto implica proponerse acercarse lo más posible a ser el funcionario, en lugar de lo que el funcionario es para otros agentes (por ejemplo, para el propio observador o para los ciudadanos). Esto es lo que Bryant llama observación en segundo orden y Bogost fenomenología alien.

Algunas disciplinas de las ciencias sociales sostienen que los individuos perciben al Estado como una serie de prácticas y regímenes disciplinarios, y no como una entidad unificada. Esto es comprensible precisamente porque los sujetos no ven a la entidad incorpórea, no la "captan" de esa manera. Así como el Estado mira como Estado, las personas miran como personas. Esto es correcto, debido a que estas disciplinas parten de un punto de vista humano.

No obstante, no hay que quedarse en este punto de vista. Así como nosotros no podemos comunicarnos con un pulpo, debido a que este no percibe, ni entiende de la misma manera que nosotros, algo similar suele ocurrir entre los individuos y el Estado. Como he mencionado anteriormente, el Estado habla, entiende y percibe mediante documentos, y tiene su propia espacialidad y temporalidad. Comprender esto nos ayuda a rechazar el lugar común: "esta autoridad no sabe comunicarse". Lo que sucede no es una simple falla de comunicación, va más allá de eso: es una interacción entre dos tipos entidades distintas. La clave de una convivencia entre entidades que se encuentran está en tratar de comprender la temporalidad, la espacialidad, la lógica; en resumen, el modo de estar en el mundo de esa otra entidad. Así como un individuo no puede entender un mapa con un alto grado de complejidad técnica producido por el Estado, el Estado no puede responder con la rapidez exigida por los periodistas ante algunos casos de denuncias. En estos impasses ambos deben tratar de comprender el modo de existencia del otro: el Estado puede traducir todos los tecnicismo de los mapas a consecuencias materiales que afecten directamente a los individuos, y el periodista (y la audiencia del medio) puede intentar comprender que los procesos control interno en instituciones del Estado no se solucionan al día siguiente de una denuncia mediática. Latour hablaría de evitar cruces ilegítimos de modos de existencia:

"When one mode of existence imposes its own felicity conditions on another, the resulting category mistake produces illegitimate translations that travesty the meaning of the utterances, and give an inadequate account of the existence corresponding entities. So the past and present of a mode is deformed, and its capacity for fruitful innovation is wiped out. In Oldspeak we could say that this imposition or infringement produces “ideological” deformations of the different modes of existence, where the difference between the experience of a mode on the one hand and the accounts given by its practitioners and adherents. Such monological translation creates problems and at the same time removes any possibility of resolving them."

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Lo que busca esta propuesta es articular las prácticas y regímenes del Estado, y mostrar los objetos, redes y procesos que hay detrás de estas, darle materialidad al Estado. O mejor dicho a los Estados, debido a que no hay un tipo de Estado que debe servir como estándar para el resto, sino que existe una población de Estados (lo que DeLanda llama "population thinking"), de la misma manera como distintas especies mutan y evolucionan. Comprender esto puede ayudar que se deje de implantar planes, programas o "buenas prácticas" que probablemente no se corresponden con la realidad del Estado estudiado y, por el contrario, tratar de entender su ecología interna y externa, a partir de lo cual podría plantearse modos de abordar sus problemas específicos. 

Finalmente, esta concepción del Estado, lejos de ser un intento de antropomorfizarlo, busca deshumanizarlo. Trata de sacar al Estado de la lógica y ética personalista e individualista propia del liberalismo. Significa entender al Estado como algo que no es igual a nosotros, como una entidad que está en este mundo y que está compuesta por humanos, pero que tiene una temporalidad y espacialidad definitivamente distinta a la nuestra.

6 de junio de 2014

Descafeinización del racismo

Una reacción al artículo de Guillermo Rochabrún sobre el conversatorio de Paulo Drinot y Nelson Manrique “Racismo y desigualdad en la historia del Perú”. Específicamente sobre el penúltimo subtítulo "¿Racismo…? Ya quisieran".

Tengo un tremendo problema cuando alguien afirma "así se 'racea' en el Perú". Rochabrún dice: "En EE. UU. es muy nítido quién es un WASP y quién es un negro. Aquí en cambio puede quedar claro quién será discriminado, pero no cómo va a ser aquel que discrimine". ¿Dónde es aquí? ¿Aquí en una discoteca de Asia? ¿Aquí en el Jirón de la Unión? ¿Aquí en Cajacay? ¿Por qué explicar de manera totalizante la ejecución de un sistema de dominación de naturaleza intersubjetiva en un determinado territorio demarcado por límites políticos producto de contingencias históricas? La ejecución de racismo (que no es lo mismo decir sus consecuencias) en interacciones interpersonales (que no es igual a la ejecución de racismo en medios masivos) debería ser estudiada situacionalmente, en los discursos que se elaboran en el acontecimiento.

La idea tan popular (casi un lugar común) de que ahora vivimos un "racismo diluido", que en realidad no es racismo sino "clasismo racializado", es tremendamente beneficiosa para quienes realmente discriminan por rasgos físicos, quienes por lo general pertenecen a las élites económicas blancas. Invisibiliza problemas aún no resueltos. Incluso Rochabrún propone abandonar la palabra 'racismo' y quedarnos solo con 'discriminación', algo que claramente le presta poca atención a lo que él llama 'discriminación racial' (nótese como no dice racismo) que afirma que ocurre en lugares selectos y en el campo laboral (ver subtítulo De las relaciones de producción y dominación a las relaciones interpersonales). En el discurso popular esta concepción del "racismo diluido" normalmente va de la mano con la ilusión de una salida: uno puede dejar de ser raceado cuando escala económicamente. La fantasía liberal perfecta, la otra cara del relativamente reciente optimismo nacional: cualquier individuo puede lograr el éxito. Esto se contrapone a lo que el racismo significa para el individuo realmente 'raceado': su lugar en la sociedad está determinado por su cuerpo y no existe salida para esto. Como bien dice Rochabrún en su adenda: nosotros somos cuerpo.

Perder de vista las situaciones por la pretensión de encajar determinado acontecimiento en una gran explicación de como se ejecuta el racismo en todo el Perú me parece, por lo menos, problemático. Puedo aceptar esta explicación de "clasismo racializado" para un contexto específico (que creo que es el de la nueva clase media urbana post-migraciones) pero definitivamente no para todas las interacciones que ocurren en diferentes contextos que existen en el país. La réplica a esto podría ser "¿acaso esta explicación no abarca a una gran parte de la población peruana?". Probablemente, pero no es total, no alcanza para decir "así se 'racea' en el Perú", deja cabos sueltos, cabos tan importantes como las élites. Ante un caso de denuncia de racismo no nos extraviemos en las posteriores enunciaciones de lugares comunes, centrémonos en el evento, en la consumación del acto.