22 de mayo de 2014

Ejecuciones ideológicas: de leyes a algoritmos




Partamos de una premisa: las leyes son una tecnología. Son dispositivos creados por los humanos para un fin específico. El fin es ejercer control sobre un conjunto de individuos, los ciudadanos, dentro de un espacio geográfico. Estos dispositivos determinan lo que es posible dentro del orden legal.

Los algoritmos también son una tecnología. Igualmente son dispositivos creados para un fin específico. En su caso, el fin es ejercer control sobre un conjunto de individuos, pero aquí se trata de usuarios de un software o plataforma. Estos dispositivos determinan lo que es posible dentro de un orden algorítmico. 

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Tanto las leyes como los algoritmos comparten una característica fundamental: ambos son la forma ejecutable de una ideología. Son el sistema de órdenes a través del cual una ideología se materializa. Por ejemplo, así como un sistema legal que garantiza la acumulación de capital y el libre comercio materializa la ideología liberal, igualmente lo hace una plataforma (es decir, un sistema de algoritmos) que permite el libre flujo de información y extraer valor de ello.


Sin embargo, hay un par de diferencias cruciales y estrechamente relacionadas entre ellas que me interesan. Primero, un ciudadano en un orden legal puede romper la normal ejecución de estas órdenes, es decir, encontrarse en la ilegalidad. En cambio, un usuario en un orden algorítmico no puede romper la ejecución, salvo, claro, que sea un hacker (o que se tenga el dinero para contratar uno), aunque obviamente es mucho mas fácil ser un criminal que un hacker. Aquí me refiero a la noción ortodoxa de un hacker, no a la idea muchas veces banalizada de que "todos somos hackers".

Segundo, a diferencia de un algoritmo, una ley no es "self-enforced", es decir, no se "hace auto-cumplir". Un sistema legal necesita estar acompañado de coacción que asegure su ejecución (desde sanciones administrativas hasta el uso de la violencia física). En cambio, cuando uno está dentro de un sistema algorítmico las órdenes se autoejecutan. No es posible escapar de la ejecución de las órdenes, a menos que 1) seas un hacker (o tener el dinero para contratar uno), o 2) estés totalmente fuera del sistema. La conclusión de este punto es simple: entras al sistema algorítmico y soportas su régimen o eres un outcast.

Tercero, una ley es "negociable", un algoritmo no. El derecho no es una ciencia. Si bien el producto de esta disciplina son dispositivos de orden, estos dispositivos son interpretables (al fin y al cabo, ¿acaso de eso no se trata el derecho? ¿Intentar ordenar a partir de una ideología elaborando dispositivos de orden y luego interpretar esos mismos dispositivos?). En cambio, un algoritmo no se interpreta, simplemente se ejecuta. La disyuntiva a la que nos enfrenta este punto puede resultar problemática para algunos: ¿son preferibles las imperfecciones del sistema legal y burocrático a un sistema más expeditivo pero con un margen nulo de negociación? La ley permite negociar y aun estar dentro del sistema, el algoritmo no.

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Cuando Justine Tunney propuso que todos los funcionarios y el presidente de USA renuncien y sean remplazados por ingenieros y un CEO hizo referencia, tal vez sin saberlo, a un paso intermedio (al mejor estilo de Lenin), entre el orden político como lo conocemos, y una total automatización del orden social. Un sistema totalmente automatizado estaría dirigido por autómatas, una o varias entidades algorítmicas que ni siquiera necesitarían los ajustes y/o reprogramaciones de un humano. Tener un líder absoluto, ya sea un dictador o un CEO, no es el último estadio de un proyecto tecnocapitalista, sino una transición. Quien conmine a sus seguidores a quedarse en tal etapa es mediocre en pos de alcanzar este proyecto.

¿Funcionaria un proyecto como este en países periféricos? A nivel micro diría que no. En mi experiencia de asistencia técnica a burocracias locales algo me ha quedado claro: la aplicación homogénea de un dispositivo legal en un universo de jurisdicciones heterogéneas (en cuanto a aspectos más o menos estables como demografía o geografía) es imposible de lograr con resultados totalmente satisfactorios. Acá es pertinente la noción de "ver como el Estado" de Scott: el Estado solo mide y, por lo tanto, atiende lo que está en sus planes de políticas públicas. Lo que no entra en estos planes, no es medido y, en consecuencia, tampoco atendido. Lo que se pasa por alto finalmente aparece en los resultados y evaluaciones de estos planes como factores externos que perjudican sus modelos. Igualmente, un sistema de algoritmos solo permite extraer la data para la cual esta programado, por lo cual inevitablemente hay una perdida de información, en especial la no cuantificable. ¿Dejar de “ver como el Estado” para “ver como un sistema algorítmico” sería realmente beneficioso?


¿Funcionaría en un nivel macro? Tampoco lo creo (y probablemente no solo en escenarios periféricos). Las situaciones de revoluciones anteriores me llevan a especular que la consecución de un ordenamiento social puramente algorítmico de un ideal tecnocapitalista (con todo lo que eso implicaría) no seria posible, no por una falla de técnica, sino por una falla humana. El problema de las élites de CEO e ingenieros seria similar al problema de Hitler señalado por Žižek: no son suficientemente violentos. No en el sentido de la violencia sobre los sujetos, sino en el sentido de violencia sobre el sistema: no estarían dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias, es decir el gobierno de una entidad algorítmica pura. Finalmente tendríamos más de lo mismo: el gobierno de élites despóticas aunque probablemente de una manera menos encubierta. Uno se despoja de un Amo solo para someterse a otro.

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Probablemente a lo que nos estamos enfrentando, más que un cambio de ideología, sea un cambio de modos de ejecución: algo que, en lugar de debilitar la ideología, la empodera en su capacidad de materializarse. Hay que ser conscientes que no puede existir un orden social desideologizado. Debido a esto, toda acción ejecutada o modelo de acción diseñado con el fin de lograr este orden es inherentemente ideológico. Precisamente cuando uno cree que está libre de ideología es que uno está totalmente inmerso en ella.

El asunto no es tratar de escapar la ideología intentando encontrar un orden puramente técnico o pragmático, tal clase de orden es imposible (lo cual no es igual a decir que no hay nada fuera de la ideología). Según el psicoanálisis lacaniano, el propósito de la terapia no es "curar" el desorden del individuo, sino hacer que el individuo encuentre "su" desorden, un desorden que no sea constituido respecto al orden del Amo. Tal vez necesitemos hacer precisamente eso: encontrar "nuestro" (des)orden algorítmico.

21 de mayo de 2014

Phillip Secada: El candidato de los medios






¿Qué quieren los medios limeños para la ciudad? Lo que normalmente escuchamos, vemos o leemos es "todos queremos lo mejor para la ciudad". Aquí la enunciación en primera persona plural es importante, debido a que construye un "nosotros", aquellos sujetos o entidades que se ajustan al proyecto de ciudad (las políticas públicas que apoyan o critican, los proyectos de infraestructura que piden o rechazan) que los medios enuncian. Por ejemplo, conductores de vehículos privados beneficiados por los proyectos de vías rápidas publicitados en las noticias; constructoras que se benefician de entrevistas que critican la zonificación.

Asimismo, los medios construyen un "ellos", ya sea explícitamente o por negación, aquellos que no se ajustan al proyecto de ciudad que los medios enuncian. Por ejemplo, vecinos de distritos populares que se resisten a que expropien sus casas para la construcción de una vía.

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Un año electoral es un buen periodo para notar con mayor claridad cual es el proyecto de ciudad de los medios debido a la cobertura que activamente escogen dar a determinadas organizaciones políticas o personajes públicos, los cuales finalmente simbolizan que es lo que desean los medios para la ciudad, "nuestra" ciudad. Tomen como ejemplo la cantidad de contenido (espacio de medios escritos, tiempo de radio y televisión) que los medios limeños le dedican a un partido conservador como el PPC.

No obstante, en este post no quisiera enfocarme en la relación medios-organizaciones, sino en la relación medios-personajes. Un personaje probablemente condense de una mejor manera las creencias y valores debido a que se ajusta a las modalidades de representación que utilizan los medios. Estas modalidades favorecen la puesta en escena de individuos y no tanto la de entidades más complejas, como las empresas o instituciones públicas. Probablemente los ejemplos más claros de esto son las entrevistas y los debates, en especial los televisados. En estas modalidades toda una organización (compuesta por individuos, relaciones externas e internas, historia, etc.) es reducida a la performance de un solo personaje en unos cuantos minutos.

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En últimos meses, dos personajes coparon la cobertura mediática en cuanto a posibles candidaturas a la alcaldía de Lima. Primero lo hizo Pablo Secada, economista de perfil tecnocrático, quien saltó al espacio público tras su apoyo a la permanencia de la alcaldesa Villarán, a pesar de ser un regidor del PPC, oposición en el concejo municipal. Esta actitud lo ayudo a ganarse la reputación de alguien que respeta la institucionalidad. Esto sumado a que se promocionaba a si mismo como "el liberal en un partido conservador" hizo que sea bien visto por los medios y sus comentaristas, quienes no dudaban en llamarlo para opinar sobre distintos temas (desde el pago de bonos agrarios, pasando por el recorte de canon minero, hasta la inversión estatal en refinerías). Fue así como llego al status de "técnico mediático": se convirtió en el hombre a llamar para dar "opiniones técnicas" sobre economía y políticas públicas, e incluso llegó a conducir el programa especializado Rumbo Económico en algunas oportunidades. Su posterior debacle probablemente sea mejor recordada: denuncias por agresiones a mujeres y un video donde agrede verbalmente a una policía causaron indignación y decepción entre sus antes entusiastas seguidores (especialmente entre los comentaristas mediáticos, quienes, en buena cuenta eran los que promovían su candidatura a pesar de su baja popularidad).

El otro personaje ha ocupado la atención respecto al mismo tema es Phillip Butters, periodista conocido por su estilo agresivo y conservadurismo. Butters entró al espacio público años atrás mediante el periodismo deportivo, donde ganó notoriedad por sus críticas procaces a los dirigentes del fútbol local. Posteriormente paso a ser presentador de noticias de actualidad y en los últimos años se ha desempeñado como comentarista en Radio Capital, medio conocido por difundir opiniones no-expertas de comentaristas mediáticos (precisamente su slogan es "Tu opinión importa").

La pregunta que surge ahora es: ¿cómo personajes tan diferentes e incluso enfrentados pueden ocupar la atención de los mismos medios? El lugar común es afirmar que ambos son personajes públicos y que la cobertura que reciben es normal. Aquí la refutación es clara: un individuo no 'es' un personaje público, un individuo 'es hecho' un personaje público. Asimismo, la probable respuesta "claro, todos sabemos eso" debe ser respondida al mejor estilo zizekiano: "si, lo saben, pero actúan como si no lo supieran". Otra respuesta que debemos descartar es la ilusión de la democracia mediática: la idea de que los medios son accesibles a cualquier individuo en cualquier momento. Los comentaristas y expertos están en los medios, como diría Charaudeau, "solo por la palabra que producen". Ellos tienen acceso porque emiten un juicio determinado o porque opinan de una manera determinada. El mismo Charaudeau los llama "logócratas". Van Dijk los llama "elites simbólicas".

Habiendo descartado esto, la pregunta debe ser precisada aun más: ¿cómo personajes tan diferentes pueden ocupar la atención de los mismos medios respecto al mismo tema, su posible candidatura a la alcaldía de Lima? ¿Cómo es que personajes de perfiles tan distintos tienen acceso al espacio público para hablar sobre sus planes para la ciudad? La respuesta tal vez sea que ambos no son tan distintos.

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Desde hace un tiempo, intelectuales como Slavoj Žižek han advertido el cambio del capitalismo hacia lo que llaman "capitalismo con valores orientales", algo que puede ser definido a grandes rasgos como un capitalismo autoritario, un capitalismo que rompió su promesa de democratizar y que es más eficiente que las democracias liberales capitalistas. El sistema político gobierna para el capital (algunos preferirían decir que quien gobierna es el capital). Quienes gobiernen deben asegurar el crecimiento del capital, sin importar si beneficia a unos pocos en desmedro de la mayoría o si incluso viola el orden legal del Estado. Para asegurar el agresivo crecimiento del capital, la agresividad del uso de la violencia estatal (no solo represión física) debe aumentar proporcionalmente.


¿Qué mejor representación de estas características que la combinación de Butters y Secada? Después de todo, ¿acaso ambos personajes no terminan siendo las dos caras de la misma moneda? ¿Qué es Butters sino la condensación del lado agresivo de Secada? La prepotencia por la que se condenó a Secada es la actitud usual de Butters probablemente porque la sensibilidad (neo)liberal no admite que la agresividad venga en "el mismo paquete" que el saber puramente técnico. Es necesario separar ambas características, la violencia y el saber, en dos personas distintas para que la primera no "ensucie" a la segunda, a pesar de que ambas vayan de la mano en el orden actual.

Como ya sabemos, luego de las denuncias, Secada desistió de postular, y lo más seguro es que Butters no sea candidato, a pesar de toda la cobertura que recibe. Sin embargo, que no nos sorprenda que el candidato que gane las elecciones de octubre gobierne agresivamente para el capital y quienes más lo acumulan. Los medios limeños probablemente estarían más que contentos.