31 de marzo de 2014

Sobre los comentaristas de los medios

Hace un par de días escuché el podcast de Daniel Salas sobre Phillip Butters y la opinión en los medios. El podcast me recordó a un tema que me interesa actualmente: el rol de los expertos (el cual he tocado en otro post) y de los comentaristas en la construcción del discurso mediático. A continuación coloco algunas citas del capítulo 12 del libro "El discurso de la información" (2003) de Patrick Charaudeau sobre el tema. Obviamente recomiendo la lectura del libro, sobre todo si es que son estudiantes de periodismo o de comunicaciones en general.

"[El comentarista] sabe que debe ser creíble, pero también sabe que ningún análisis, ninguna argumentación puede tener algún impacto si no despierta el interés del consumidor de información e incluso si no lo conmueve. De ahí nace un imaginario discursivo específico del comentarista mediático que fundamenta el valor de un comentario en las cualidades de claridad y entusiasmo, de "luminosidad" y "pasión". Entonces, el periodista, que se encuentra entre la espada (credibilidad) y la pared (captación), tenderá a preferir los modos de razonamiento que considere sencillos (u por lo tanto accesibles a la mayoría), motivadores (que constituyen centros de interés para la mayoría) y dramatizantes (que puedan despertar la curiosidad del pueblo)." (p. 275)

"Para ser motivador y dramatizante, pues es muy difícil distinguir entre las dos cosas, el razonamiento deberá implicar de manera directa o indirecta al consumidor-ciudadano. Por ello se recurre a varios tipos de procedimientos. Por una parte, los argumentos que sirven para apoyar el análisis serán escogidos en función de su valor de "creencia" más que de "conocimientos" [...] los medios, al dirigirse a la mayoría, al razonar se basan en saberes que son los más ampliamente compartidos por el blanco de receptores a los que intentan llegar. Una especie de máximo común denominador de los saberes referidos a la experiencia social y los juicios sobre ella que circulan en amplios sectores de la sociedad. Se los llama "lugares comunes". Su uso debe establecer una intercomprensión, es decir, una connivencia, una complicidad, entre el medio y su consumidor que garantiza inteligibilidad recíproca y, por lo tanto, la información lograda. Por otra parte, una 'psicologización' de la explicación de los hechos consiste en atribuir una intención a instancias colectivas o entidades anónimas, incluso no humanas, en lugar de constatar las relaciones que se establecen entre los elementos de un mecanismo económico, social, climático, etc." (pp. 276-277)

"La amalgama también es un efecto discursivo que proviene de ese doble deseo de simplificación y de dramatización. En primer lugar, mediante el procedimiento que consiste en clasificar hechos particulares bajo una misma etiquerta general. Esto es lo que viene ocurriendo durante estos últimos años en torno a los "casos de corrupción". Todo asunto clasificado bajo esta etiqueta o alguna de sus variantes, por efecto de proximidad semántica, mantendrá con otros hechos de la misma clase una relación de cantidad (acumulación) y uno de cualidad (causalidad)." (p. 279)

"Los fenómenos del mundo son complejos y explicarlos quiere decir discriminar para clasificarlos y marca diferencias. Para hacerlo, se requiere tiempo e instrumentos bastante complejos. "Cuando la verdad es demasiada complicada, solo podemos decirla de manera complicada", dice Bourdieu. Evidentemente esa conclusión choca contra el sentido común que considera que debe ser posbile explicar con sencillez lo que es complicado. Y en este imaginario se basa el discurso de información mediático. La divulgación da esa impresión, pero es antagónica de la información: cuanto más ampliamente se comparte el saber, mejor lo comprende (es decir, lo reconoce) la mayoría de los receptores y menos informa; cuanto más se reserva el saber a un grupo reducido, más receptores excluye y más capaz es de informar (es decir, de ser utilizado)." (p. 280)

28 de marzo de 2014

Apuntes rápidos sobre la Paisana Jacinta

En realidad estoy reciclando parte de un comentario que dejé el miércoles en el status de un contacto de Facebook que trataba sobre la reciente entrevista a Magaly Solier en Correo.

Lo que dice Solier sobre la actuación me parece clave aquí, ya que parece que intenta deconstruir al personaje en tanto ella, como actriz, sabe que es una actuación y, (¿por lo tanto?), arte. Sin embargo, no hay que ser actor/actriz para saber que es una actuación, para hacer esta deconstrucción. Todos lo hacen de una manera más o menos sofisticada. Todos sabemos que es un hombre vestido de paisana. Todos vemos detrás del vestido. A lo que quiero llegar es que no basta con saber eso, al contrario, el hecho de saber esto ayuda a establecer una distancia respecto al (¿intencionalmente?) fallido efecto de mimesis de la actuación de Benavides.
 
"Obviamente sabemos que es un hombre vestido de mujer, esto no es real por lo tanto nadie tendría razón de ofenderse". El hecho de saber que esto no es un intento de representación mimética de una mujer andina lleva al rechazo de quienes si sienten que es ofensivo. "¿Por qué ellos se ofenden si no es real? ¿Acaso no ven detrás del vestido? Obviamente ven detrás, entonces, ¿por qué la sensibilidad? Probablemente sea algo personal, una experiencia que perturbo su campo sensible y que lo hizo distinto al de todos nosotros que no nos ofendemos". Y aquí es cuando se pierde toda capacidad de ponerse en el lugar del Otro. Ponerse en el lugar del Otro implica no solo un ejercicio de empatía con un sujeto en un acontecimiento específico, sino la comprensión de la posición del sujeto en el funcionamiento de una sociedad, desde su posición de discriminado. Es fácil reirse de las ninguneadas que recibe Jacinta pero es condenable cuando alguien no es contratado por sus apellidos de origen andino o por sus rasgos en la foto de su CV limitando sus condiciones materiales en contraposición a otro con apellidos de origen europeo o rasgos "blancos". 
 
Precisamente las lecturas "flexibles" (lecturas que afirman que el personaje no es racista) del racismo en Jacinta surgen porque eso es algo inadmisible, indecible, salvo en situaciones específicas. Una gran mayoría puede coincidir en que la sociedad peruana es racista, pero en cuanto uno empieza a señalar racismo más le vale que sea en actos muy concretos (por ejemplo, la restricción de ingreso a un local), de no ser así, es inmediatamente tildado de hipersensible (cuando no resentido, acomplejado, etc.). El racismo está en todos lados y en ninguno a la vez porque nadie se atreve a enunciarlo. Desde una mirada normativa, todo racismo debe necesariamente estar en el campo de la experiencia, no de lo simbólico. Por eso creo que la denuncia debe seguir por el camino del racismo, porque el simple hecho de enunciarlo subvierte ya el orden simbólico del discurso dominante.