29 de noviembre de 2013

Citas de "«Yo te segrego a ti porque tu falta de educación me ofende»: una aproximación al discurso racista en el Perú contemporáneo" de Virginia Zavala y Roberto Zariquey



Luego del incidente de la UPC (y como ya es usual luego de cada caso de acusación de racismo) volví a leer comentarios clichés sobre el “racismo inverso”, sobre como “todos somos racistas”, etc. Llegó un punto en el que me prometí que si leía un comentario estúpido sobre el incidente transcribiría el capítulo del libro “Racismo y Discurso en América Latina” (Van Dijk comp., 2007) sobre el discurso racista en Perú. Como no voy a transcribir el capítulo entero, decidí transcribir algunos pasajes que me parecen muy buenos y que se pueden entender independientemente (creo). Obviamente les recomiendo que lean el capítulo entero (o mejor aún, el libro entero), sobre todo si es que son estudiantes de comunicación o alguna carrera similar. 



“Entendemos el racismo como un sistema social de dominación de un grupo sobre otros basado en diferencias construidas sobre la etnicidad, la apariencia, el origen, la cultura y el lenguaje (Van Dijk, 2005) […] La dominación o abuso de poder que está en la base del racismo (y de las prácticas lingüísticas racistas) genera la inequidad social, es decir, menos acceso y control sobre los recursos sociales por parte de los sectores discriminados”. (p. 336)
 

“Ahora bien, en un contexto como el peruano, plantear –tal como lo hacen los defensores del mestizaje- que el termino dominación no es válido es bastante delicado. Afirmar que «todos somos mestizos» y que, en ese sentido, «todos somos iguales» es, a nuestro entender, intentar invisibilizar la existencia de diversas formas de discriminación y, por ende, de las relaciones de poder y de los privilegios sociales que se iniciaron con la conquista. Este uso ideologizado de la categoría de mestizaje es empleado por los sectores hegemónicos para construir la imagen de un país «democrático» en el que la clase dominante se exime de responsabilidades”. (pp. 342 y 343)

 
“Nuestra primera propuesta  consiste en subrayar que en Perú podemos ser racistas con aquellos que suelen presentar los mismos rasgos raciales que nosotros. La razón es que, como hemos afirmado más arriba, ser mestizo significa no ser nada, pues mestizaje es indefinición  a los peruanos nos es muy difícil autodefinirnos racialmente, salgo que seamos blancos. Pero, y esta es la paradoja, si nos es sencillo definir al Otro  ponerle apelativos como cholo, serrano o charapa, ya que la raza es un concepto que también se construye a partir de criterios sociales,  culturales y geográficos. No importa que ese Otro al que catalogamos tenga rasgos parecidos a los nuestros, ya que la indefinición que nos proporciona la ideología del mestizaje invisibiliza nuestra raza ante nuestros propios ojos. Por lo tanto, los peruanos, distintos o parecidos, podemos discriminarnos porque hemos aprendido a no autodefinirnos racialmente: simplemente no nos hacemos esa pregunta. Y al discriminar a alguien por su apariencia, ni siquiera nos percatamos de que nos discriminamos a nosotros mismos”. (p.343)

 
“A continuación detallaremos algunas estrategias discursivas que reproducen este racismo de tipo «cultural». En cada una de ellas se niega o justifica el racismo apelando a una serie de elementos (negación explícita, empatía afecto, buena relación, etcétera) pero al mismo tiempo y de forma más implícita se representa a los Otros como inferiores en esencia y como portadores de formas de ser no valoradas por el Nosotros. Después de todo, la negación del racismo constituye una parte esencial de este sistema social de dominación, pues la oficialidad tolera cada vez menos formas explícitas del mismo (Van Dijk, 1992)”. (p.345)
 

“Así, en el ejemplo anterior se utilizan negaciones aparentes cuya primera proposición busca ocultar los sentimientos negativos y el racismo respecto a los Otros («yo no te segrego a ti porque eres blanca o porque eres rubia o porque eres chola…», «yo no diría que hay un problema de racismo…», «no he mirado si el tipo es blanco es cholo o es chino o es blanco»). Sin embargo, a pesar de que se alude a lo educacional para no atribuir lo dicho directamente al Otro, la segunda parte de los enunciados implícitamente posiciona al Otro como el que genera el problema y, por ende, como el causante de la relación conflictiva. Así, frases como «tu falta de educación me ofende» (2) o «hay un problema de diferencia educacional que crea estos conflictos» (3-4) están culpando al Otro al implicar que las formas de ser desviantes de los Otros amenazan de alguna manera («ofende», «crea conflictos») a la identidad cultural de un Nosotros que queda intacto y no se responsabiliza por nada”. (p.346)

 
“Además, este sector social utiliza términos específicos para designar a los Otros muestran que estos son representados como inferiores. Así, por ejemplo, la clase alta utiliza frases despectivas como «esa gente», «esta gente», «una masa» o «una manchita» para designar a peruanos de otros sectores sociales como un todo homogéneo. […]
En cambio, este sector prefiere utilizar «todo el mundo», «mejor gente», o «la gente» para designar al Nosotros («porque mayormente la gente acude a otro tipo de discotecas»). Los términos para designar a los actores no solo reflejan claramente la distancia social inherente a las ideologías racistas, sino que posicionan al grupo dominante como superior a los Otros (véase el término «mejor») o como el único grupo existente (véase el uso del artículo definido «la» y la ausencia de cualquier clase de calificativo que particularice el valor universal del artículo”. (pp.348 y 349)

 
“En efecto, lo curioso de esta estrategia [enfatizar los aspectos positivos del outgroup y la buena relación con ellos] es que solo ensalzan de manera exagerada las características positivas de los individuos que, a pesar que pertenecen a ese grupo discriminado, no representan una amenaza para la elite. Es el caso  de mujeres y niños o de gente que resulta «funcional» al sector social dominante y que no cuestiona las estructura de poder establecidas: «a mi me sorprende y me encanta la solidaridad que hay entre los niños pobres». Esa forma de ensalzar las características positivas de dichos Otros sumisos contrasta a su vez con el énfasis exagerado puesto en los aspectos negativos de los Otros que si amenazan un status quo, percibido como inestable desde la masiva migración a Lima de las últimas décadas y los cambios sociales que se produjeron como consecuencia de ello.
Ahora bien, todo esto va de la mano con el planteamiento de que esos Otros «funcionales» al sector sociales dominante si son educados. Es decir que, para este sector social, «ser educado» no solo significa contar con las cualidades de clase y de moralidad establecidas sino también ser sino también ser sumiso  y aceptar las jerarquías existentes”. (pp.350 y 351)
 

“A través del recurso de la empatía aparente, los extractos anteriores muestran claramente que estas personas se posicionan como gente que comprende la realidad de los Otros («por qué se les va a exigir…», «es difícil pedirles…», «tienen que acostumbrarse»). Sin embargo, a pesar de que se admite que se trata de una «manera diferente», la descripción de las formas de ser de los Otros en clave negativa («nadie le ha dado gracias», «tampoco lo tienen en su casa», «no es que pase el basurero») contrasta con las formas de ser de Nosotros y automáticamente supone a los Otros como desviantes y a Nosotros, más bien, como lo «normal», lo «mejor» o lo que debería ser”. (p.354)

 
“Es impresionante como el discurso de las clases dominantes se reproduce en los sectores medios, sectores que, en gran medida, son también subalternos. Se trata de individuos cuya apariencia y rasgos físicos también podrían ser percibidos negativamente, pero que sienten un deseo desmesurado de discriminar y cuando lo hacen cultura, educación, poder adquisitivo y raza vienen en un mismo paquete. La discriminación por criterios educativos o económicos no ha remplazado a la discriminación por el color de la piel. Por el contrario, se ha añadido a esta constituyendo un todo altamente complejo en el que lo racial podría parecer que desaparece. Aunque en la práctica se discrimina más la cultura que al color, es un hecho que los rasgos físicos continúan siendo importante en la conciencia de todos los peruanos (Callirgos, 1993)” (p. 361)

 
“Si asumimos el racismo como un sistema social de dominación de un grupo sobre otros y la dominación como una forma de abuso del poder (Van Dijk, 2005) podemos plantear que ese rechazo hacia el blanco -y aun la atribución esencialista de ciertas formas de ser al blanco- constituye más bien una respuesta al racismo y una ideología de carácter reivindicativo y político. El rechazo hacia el blanco no tiene que ver con los rasgos físicos que este posee que, en general y por el contrario, son considerados como «mejores» o «más bonitos», sino con el carácter potencialmente explotador e injusto que se relaciona con dicho color de piel. El blanco es un marginador y por eso se le discrimina y este aspecto, por tanto, no se niega o se silencia como el racismo del sector dominante.” (pp. 362 y 363)

 
“Hoy en Perú el racismo implica algo más complejo que la discriminación por el color de la piel, pues la categoría se ha articulado con aquellas otras de clase, cultura y educación. Es posible concluir que en la sociedad peruana funciona un concepto moderno de raza en la que el fenotipo se ha subordinado a las capacidades intelectuales y los estándares morales, ya se consideren estos como intrínsecos a la persona o como rasgos que se pueden alcanzar a través de la educación formal. El racismo, por tanto, se ha rescrito desde otras categorías sociales y por eso es posible afirmar que la blancura constituye una construcción social que puede identificarse con la decencia o con lo letrado. Como ya dijimos, esto no significa que el racismo ya no exista en Perú. De lo contrario, esta nueva blancura socialmente construida todavía se considera superior y más digna en términos absolutos y además sigue vinculada –aunque quizá cada vez menos- al color de piel”. (p.366)